
(Foto por James Ramos/Herald)
El nuevo Directorio para la Catequesis vuelve hacer mención de la importancia de la formación de adultos apoyándose del previo Directorio General para la Catequesis. Esto nos indica que la formación de adultos en la fe dentro de la Iglesia es prioridad y que debe de prestársele atención a ella.
De hecho, el Directorio menciona lo siguiente:
“En la catequesis con los adultos es decisiva la figura del catequista, que es como un acompañante y, al mismo tiempo, un educador capaz de apoyarlos también en los procesos de crecimiento personal.” (n.263)
La figura del catequista de adultos es decisiva, significa que es determinante, que soluciona, que resuelve. Por lo tanto, debe de ser cuidadosamente elegido y capacitado para ejercer este ministerio ya que tiene ciertas responsabilidades y tareas particulares para la catequesis con los adultos. Usted se preguntará, ¿Quién es una catequista de adultos?
Es toda persona bautizada que ha recibido el llamado de transmitir la fe a los demás adultos en distintos contextos (Grupos de Biblia, retiros, catequesis formales, RICA, predicas, grupos de oración y evangelización, grupos matrimoniales, etc.). El no tener un proceso de asesoramiento y discernimiento puede lastimar la finalidad en la formación de adultos. Aquí las menciono:
Como vemos, la labor que tiene la figura del catequista de adultos es una tarea fundamental en la evangelización y aunado a esto, debe de tener las habilidades y aptitudes de saber trabajar con lideres y agentes de pastoral, en especial con el clero. Debe de respetar y reconocer la autoridad del párroco, de sus vicarios, del Obispo y sus colaboradores ya que la fe que se comparte no solo es su fe personal, sino la fe de la Iglesia.
La figura del catequista de adultos debe ser una persona con ciertas habilidades humanas, espirituales, intelectuales y pastorales. Es decir, una persona prudente, madura en su fe, empática, sabe comunicar, trabaja en equipo y para el equipo, resuelve conflictos, tiene tacto personal, sabe evaluar y tomar decisiones, coordinar, organizar tareas, delegar entre otras habilidades.
La figura del catequista de adultos debe ser dócil, humilde, persona de carácter que sabe dominar su temperamento y doblegar la soberbia, pero, sobre todo debe ser una persona enamorada de Cristo y sabe dar buen testimonio de Cristo en su vida.
Es, por consiguiente, la forma principal de la catequesis porque está dirigida a las personas que tienen las mayores responsabilidades y la capacidad de vivir el mensaje cristiano bajo su forma plenamente desarrollada.
Adrian Alberto Herrera es director asociado para la Oficina de Evangelización y Catequesis en la Arquidiócesis de Galveston-Houston.