Ordinary Time is a season of formation in which Christ challenges each of us to follow Him more closely and to grow in holiness. In ordinary events, holiness takes shape through the daily responsibilities and small acts of love that define our lives.
- Archbishop Joe S. Vásquez
Entre la hermosa intensidad del Adviento, la Navidad, la Cuaresma y la Pascua, este tiempo nos permite marcar un ritmo más sereno y regresar al compás fundamental del discipulado.
El Tiempo Ordinario nos permite explorar con detenimiento uno de los Evangelios sinópticos —Mateo, Marcos o Lucas—. Al escuchar estos Evangelios domingo tras domingo, seguimos a Jesucristo mientras camina entre su pueblo: predicando, enseñando, sanando, perdonando y restaurando. Somos testigos de la manera en que Él sale al encuentro de las personas allí donde se encuentran: a orillas del mar de Galilea, en las sinagogas y en los hogares. Jesús está dispuesto a encontrarse con personas de todos los ámbitos de la vida, desde los líderes religiosos hasta los pobres y los enfermos, y aquellos que viven en las periferias. En todos los Evangelios, Jesús es acusado de pasar demasiado tiempo con los pecadores, pero Él responde con claridad: los enfermos necesitan médico, no los sanos.
Su ministerio nos muestra que la santidad no está reservada para momentos extraordinarios. Por el contrario, Cristo nos revela que Dios suele obrar con mayor fuerza en lo ordinario y lo cotidiano. Él está dispuesto a entrar en la complejidad de la vida diaria para llevar la gracia de Dios, sanación, perdón y paz.
El Tiempo Ordinario es un tiempo de formación, en el cual Cristo nos desafía a seguirlo más de cerca y a crecer en santidad. En los acontecimientos ordinarios, la santidad toma forma a través de las responsabilidades diarias y los pequeños actos de amor que definen nuestras vidas: padres que cuidan a sus hijos, esposos que se mantienen fieles el uno al otro, trabajadores que cumplen sus deberes con integridad, vecinos que ofrecen ayuda y aliento, familias que oran juntas y comunidades que sirven a quienes más lo necesitan.
Estas acciones constantes y fieles nos forman como discípulos. La santidad consiste simplemente en vivir nuestra vocación con amor, paciencia, oración y generosidad.
El Tiempo Ordinario es un tiempo de formación, en el cual Cristo nos desafía a seguirlo más de cerca y a crecer en santidad. En los acontecimientos ordinarios, la santidad toma forma a través de las responsabilidades diarias y los pequeños actos de amor que definen nuestras vidas.
- Arzobispo Joe S. Vásquez
A principios de este mes, recordé este ritmo al reunirme con los obispos de la Región X para nuestro retiro anual. Durante más de dos décadas, los obispos de Arkansas, Oklahoma y Texas se han reunido en la Escuela de Teología de los Oblatos en San Antonio para orar, reflexionar y fortalecerse mutuamente. El entorno es hermoso y nos conduce a la oración y a escuchar al Señor. Durante este retiro, recordé lo esencial que es para los pastores hacer una pausa, renovar el corazón y ofrecer apoyo fraterno. Nuestra región está bendecida con una población católica vibrante y en crecimiento, y el retiro nos ayuda a regresar a nuestras diócesis renovados para la misión que se nos ha confiado de cuidar a nuestro pueblo.
Este mes también nos brinda la oportunidad de reflexionar sobre la dignidad de la vida humana mediante la oración y la intercesión, especialmente el 22 de enero, Día de Oración por la Protección Legal de los Niños No Nacidos. Incluso después de la anulación del caso de Roe contra Wade, la vida de los no nacidos continúa estando amenazada. El deber de la Iglesia es acompañar y caminar junto a las madres embarazadas que se encuentran en necesidad, para que cada niño sea acogido con amor.
Proteger la vida significa honrar la dignidad de cada persona en todas las etapas, desde los no nacidos, que son los más vulnerables, hasta los ancianos. También implica oponerse a la violencia y al abuso en todas sus formas, y trabajar para poner fin a la pena de muerte y a la eutanasia. Debemos crear una cultura de la vida en la que se valore la sacralidad de la vida humana y defenderla desde la concepción hasta la muerte natural.
En todos estos esfuerzos, me siento alentado por el llamado firme e inquebrantable del Papa León XIV a la paz en un mundo marcado por conflictos y tensiones en muchas regiones. El mensaje constante de paz de nuestro Santo Padre nos recuerda que el camino hacia la sanación comienza con el diálogo honesto, el respeto genuino y el valor de encontrarnos unos con otros a pesar de nuestras diferencias. Su testimonio constante a favor de la paz inspira a muchos en todo el mundo, incluido a mí, a perseverar en la labor de la reconciliación. El mensaje del Papa es sencillo y llega al corazón: desea que las personas encuentren a Cristo.
Al recorrer el Tiempo Ordinario, permitamos que Cristo nos acompañe en cada momento. Que reconozcamos su presencia en la vida cotidiana, respondamos a su llamado a la santidad y nos convirtamos en instrumentos de su paz y de su amor en nuestras comunidades.